jueves, 9 de agosto de 2012

JAPÓN. Primera de Crónicas 1: del 1 al 54





Tiempo en Japón azota elementos duros y trágicos, cambiando radicalmente su estado emocional. Justo el Varón toma la viga maestra fracturando la Tierra y tragada hasta borrar la ciudad.  El futuro mes desata elementos radiactivos, y la bondad del Mesías hace al Padre proveer una luz en la obscuridad, cargando el instrumento que va a hilar y a torcer con sabiduría, las resonancias de ciudades pasadas que gozaban divagantes en grandes multitudes enramadas de ardiente frenesí.
 Débiles hembras equinas sin bendición, que fueron destruidas por contrincantes implacables, y una risa cortante de gran dimensión descansa gloriosa en obediencia a Dios.
 No obstante, algunas cálidas tiras de lino rodearán la generación de otra simiente a espacios elevados, que sacarán recipientes fuertes de alabanza a la Roca.  Al norte el árbol de la Vid es un hombre de gloria que exhorta a las actuales provincias de peregrinación pagana.
  El Varón amado acompaña a toda esta nación en el mover de Dios, ante las otras oposiciones humanas que rechazan el camino con blasfemias y descaro, al organizar terrores y garantizar dolor a una raza distinta, de casta asesina, mas el clamor de ellos sube a Dios, y con misericordia los salva, alimentando su esperanza en Él, que al actuar, despide su fragancia con el llanto de una Ley que enlaza y exalta la materia antropomorfa y sus raíces Vigilando el aposento del águila en su espacio,  cuyo Rey cautiva y sostiene la representación de su necesitado, pero gozoso conjunto de hombres están dispuestos a manejar una Espada diferente.


( Derecha a izquierda )  Nuevo sistema vertical  descendente en divisiones trinas de 7 por 13.





Recuerdo muy bien aquel día estando en la empresa... Se me hizo fácil basilarme a un asiático, justo a la hora en que iba yo acomodando los gabinetes de TV sobre la banda de etiquetado, y que luego a estos les imprimieran el distintivo de la marca registrada, muy conocida por cierto. ¡Y vaya que me arriesgué demasiado!.. Es que le dije: "Güey." Pero cosa curiosa que al haberle hablado, volteó presuroso para saber porqué le estaba yo hablando así; cuando se supone que ellos no saben ni pío de lo que eso significa. En fin... Terminologías que sin poder evitarlo sobrepasan fronteras. no les parece? Total, qué importa si al rededor de mis palabras se levante un muro de incomprensión, un torbellino de dudas, de incógnitas, o de inexactitudes, incluso de envidias. Pero existimos a pesar de todo, y también a pesar de nosotros mismos. Qué importa que alguien me haya pedido que pusiera etiquetas de "Made in Japan" a nuestras obras... Si de atemano sabíamos que dichas obras serían mexicanas a pesar de que nuestra voluntad no se lo propusiera, o, mejor dicho, gracias a que no se lo hubo propuesto. Qué importa que se hable de retomar la Constitución de 1917, si, al fin y al cabo, casi a todos nos vale un reverendo cacahuate. Qué importa que se nos acuse de soñar en Europa o en Norteamérica, de saber a lo menos una que otra frase en chino o japonés, de aceptar influencias extranjeras, y no echar raíces en nuestro propio suelo. De cualquier modo, tales raíces están presas. ¡Son las ramas lo que está libre!.. Se mueven, se desprenden, viajan ( aunque sólo sea en la imaginación ). Como sea, creo que la cultura japonesa es una de las pocas civilizaciones que quedan con su propia sociabilidad. Son tan tradicionales y tan específicos en sus caminos... Como si fuesen una especie de doncellez impenetrable. No son nada americanizados. Hoy por por hoy, un hombre como yo.. Resignado, y a la vez contento de portar este nombre hebreo.. Llevo de igual modo sensible en mi corazón, partes de mí en algunas celebridades del Japón. Sólo por mencionar algunas: Yumiko Kokonoe, Susumu Kurobe, Toshiro Mifune, Noriyuki Morita, Yuko Araki, Bulma Brief y actualmente mi gran ¡Grande amor!: Ha Seung Ri. Por supuesto no podían faltar las Caricaturas de Remi, la Ballena Josefina y Sandybell. Sé que parezco un ridículo, pero ¿No tendría algo de razón al compartir todos estos créditos? ¿O quizá no estaré a punto de sacrificar mi yo íntimo, sobrenatural, el que soy en Dios, el que debe ser, al otro, es decir, al yo superficial, al que se mueve en su absurda melancolía, dolor y patética vida? ¿Por qué entonces no obstinarme en volver a la mocedad? De antemano no estoy en vigilia de estar haciendo mi leyenda, la que indudablemente me transporta a un mundo extraordinario y sin fronteras. Y es que si no hago esto... Seguro me muero del todo. Y si lo hago... De igual modo también.












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